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Vuelve la polémica sobre el punto G PDF E-Mail
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 24 de Febrero de 2009 | Sexo sin tabú - Elizabeth Araujo - www.el-nacional.com 

DEBATE  La zona erógena de la anatomía femenina divide otra vez a la comunidad científica

Investigadores de Londres afirman que el llamado santo grial del placer no existe, mientras en París, sexólogos rechazan el estudio

En Barquisimeto venden una "masaya erótica" que causa furor entre los recién casados ya que, al introducir sus piernas por aberturas especiales, la mujer queda en una posición que facilita la obtención del placer total. Para evitar las preguntas comprometedoras, los vendedores se limitan a repetir que con este particular chinchorro está garantizada la localización del punto G.


El dato coincide con una noticia proveniente de Gran Bretaña que si no enloquece a las mujeres como la masaya barquisimetana, por lo menos mantiene a una parte de la comunidad médica europea revuelta en una polémica que apenas comienza a calentarse: ¿Existe o no el punto G? Considerada como el santo grial del placer, esa zona erógena de la anatomía femenina ha permanecido bajo sospecha desde que en 1955 el médico alemán Ernest Gräfenberg la describió. Se trata de una diminuta región en la cara anterior de la vagina, cerca de la uretra, que al tocarla se nota elevada y con mayor sensibilidad erógena.

Gräfenberg se apuró en relacionarla con el "¡ahhh!" placentero de la eyaculación femenina, y al descubrimiento le puso la letra inicial de su apellido. Pero fue en la década de los setenta, con la llamada revolución sexual, cuando el punto G apareció como la panacea universal a los problemas de parejas.

Treinta años después el tema regresa, pero esta vez para invalidar su existencia, tal como lo expresan el profesor de epidemiología genética Tim Spector y la psicóloga Andrea Burri, del King’s College de Londres, quienes preguntaron por correo a 1.804 voluntarias sobre sus costumbres sexuales. Una de las preguntas era: ¿cree tener en la pared anterior de la vagina una pequeña superficie del tamaño de una moneda de 20 peniques sensible a la presión? El cuestionario fue dirigido a mellizas ­con 50% de los genes­ y gemelas idénticas, cuyo genoma es igual 100%. Si el punto G existe y si una gemela idéntica cree tenerlo, sucederá lo mismo con su hermana.

Pero esa no fue la respuesta, y los investigadores notaron que la mitad de las mujeres dijeron que tenían ese punto G, mientras que la otra mitad creía que no.

La reacción francesa no se hizo esperar, y al criticar el estudio británico lo calificaron de "falta de respeto a la mujer".

La semana pasada en París, en una conferencia internacional de ginecólogos, la especialista Sylvain Mimoun ofreció otras cifras: 60% de las mujeres conocen su punto G.

El placer perfecto.

De acuerdo con las conclusiones que aparecen publicadas en el más reciente número de la revista The Journal of Sexual Medicine, esa zona sensible localizada en la parte frontal de la vagina sería realmente un mito estimulado por las revistas y los terapeutas sexuales.

"La única manera de saber si existe o no es que alguien te diga que la siente y que la explota sexualmente, y aún así esa respuesta no posee valor científico", advierte Gerardo Giménez Ramírez, especialista en sexología médica y psicoterapia, a quien le gustaría conocer a fondo el estudio y la metodología utilizados por los científicos británicos para saber cómo fue que llegaron a esas conclusiones.

Giménez se muestra prudente sobre el punto G. Como profesor de sexología médica, se basa en un axioma innegable: el placer es subjetivo porque no se puede medir.

El especialista, que ha participado en investigaciones orientadas a mejorar la calidad de placer y salud sexuales, tanto de hombres como de mujeres, y dirige talleres educacionales sobre varios tópicos, prefiere ofrecer una respuesta científica: "Si alguien siente placer en esa pequeña zona, localizada cinco centímetros desde el clítoris hasta la pared interior de la vagina, debe saber que existe un cúmulo de receptores nerviosos. Entonces, habría que ver qué tipo de receptores nerviosos son, su funcionalidad y a través de qué neurotransmisor obedece ese punto G; y lo otro: saber si todas las mujeres lo tienen".

Para localizar el punto G, sugiere lo que ya es vox populi: introducir los dedos, con la palma hacia arriba, en el interior de la vagina. Con los dedos adentro, hay que tocar la pared posterior. La expedición a veces resulta riesgosa, por una particularidad, dice: "Hay mujeres que tienen mucha sensibilidad en esa zona y otras, no.

Algunas, buscando el punto G, se han frustrado en vez de disfrutar".

La otra pregunta es si el punto G es exclusivo de las mujeres. Como el tema da vueltas alrededor de la especulación, el especialista venezolano dice que, aunque no está científicamente comprobado, el punto G en los hombres estaría en la próstata; para otros, en el ano.

El año pasado unos científicos italianos afirmaron haber localizado el punto G utilizando el ultrasonido, y un equipo de ginecólogos de Austin, Texas, aseguró que esa "puerta" del orgasmo femenino existe, pero está en el cerebro.

Mientras la controversia prosigue, nada más oportuno que recordar lo que admitía el pionero de la sexología Alfred Kinsey: "El sexo es el mayor de los enigmas humanos". Si lo prefiere, como decía el personaje del filme Todo lo que usted quiso saber sobre el sexo y no se atrevió a preguntar de Woody Allen: "El sexo es la única batalla a la que nos gustaría ir con el mayor placer y como vinimos al mundo".
 
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