24 de Febrero de 2009 | Sexo sin tabú - Elizabeth Araujo - www.el-nacional.com
Viejas creencias impiden el disfrute a plenitud
A pesar de la cultura permisiva del siglo XXI, muchos jóvenes experimentan el sexo con angustia
Martha llora sin cesar y no hay quien la ayude en su desdicha.
Con 16 años de edad, a punto de ingresar a la universidad y unos padres que confían en su buen juicio, esta adolescente que creía sabérselas todas acaba de descubrir que, tras dos semanas de espera, la menstruación no le llegó, puntual y "escandalosa" como suele ocurrirle. El test, último recurso para despejar la duda que le atormenta, viene a confirmárselo: está embarazada.
Aparte de la guerra que va a estallar en casa cuando se lo revele a su familia, a Martha le preocupa que no haya funcionado el método que le certificó su mejor amiga: hacer el amor de pie evita el embarazo.
No hay actividad humana, como sucede con la sexualidad, que no sea rehén de los falsos mitos. Cualquier referencia o información sin confirmar que alguien "con experiencia" sostenga ante los amigos adquiere rango de "verdad inobjetable", lo que evidencia que el sexo continúa siendo un campo de batalla en el que a veces se impone más la ignorancia que el placer.
Tanto para jóvenes como para adultos, la pervivencia de esas "mentiras verdaderas" hallan su caldo de cultivo en la oficina o en el patio del colegio. Ni la supremacía de Internet logra derrotar supersticiones que se creían superadas en el siglo XXI, como las supuestas bondades del tamaño del pene o el "alto riesgo" de embarazo por tragar semen.
"Puede parecer absurdo, pero a pesar de la facilidad con la que circula hoy la información sobre sexo, muchos jóvenes obedecen a viejos patrones de conducta, que acatan más por el miedo a preguntar", advierte Carmen Pérez Castillo, psicóloga, pedagoga y coautora de un programa de información sexual advierte, no educación que intenta desmontar ideas preconcebidas y supersticiones que no son aclaradas en clases de educación legalmente aprobadas por el ministerio, porque "el academicismo del programa de estudios impide abordar temas que más les preocupan a los muchachos".
Pérez Castillo habla desde su perspectiva particular: es madre de dos adolescentes y profesora de secundaria. Un posgrado en España le permitió conocer a Isis García, también educadora, y al juntar ambas sus inquietudes surgió un sistema de información sexual que pronto aparecerá como un libro: Eso que te dijeron es mentira.
Respuestas urgentes. Si me siento en una toalla manchada de semen, ¿quedo embarazada? ¿Los negros son más ardientes en la cama que los blancos? ¿Si uno se masturba demasiado se le acaban los espermatozoides? ¿Mientras más grande sea el pene más satisfecha queda la chama? ¿La existencia del himen es la única prueba de virginidad? ¿La eyaculación precoz es contagiosa? No son preguntas para reírse sino para tomarlas en serio. Apenas algunas de las que disparan los adolescentes que Pérez Castillo y García reúnen en círculo, en sesiones extramuros de algunos colegios de Caracas y Miranda, con autorización de los padres, preocupados porque las respuestas no las hallan en las clases de sexualidad ni en la conversación de sobremesa en su casa.
A estas educadoras les sorprende que con la cantidad de información sexológica de la que se dispone hoy, impulsada además por una cultura sexual más tolerante, los falsos mitos continúan grabados en el inconsciente colectivo, y lo peor: sobreviven en las parejas de adultos de modo que no les haya resultado absurdo oír de los padres de estos jóvenes las mismas creencias erróneas en materia sexual.
Mentiras disfrazadas. Del estudio preliminar de Pérez Castillo y García, destacan algunas ya conocidas "verdades" erróneas que han logrado traspasar la barrera del tiempo y las fronteras.
Masturbación. Para gran parte de los alumnos consultados, la masturbación es un acto exclusivo de varones, su práctica excesiva causa infertilidad, es responsable del acné y en ocasiones produce trastornos mentales.
Menstruación. Sus falsos mitos son trasladados de la abuela a la madre y de esta a la joven. Los más conocidos: la sangre de la menstruación es impura y peligrosa; durante el ciclo no se deben tener relaciones sexuales, practicar deporte o lavarse el pelo.
Orgasmo. En el caso de las chicas, esta fuente de placer sólo es posible mediante relación sexual. Están seguras de que ese privilegio es normal en varones y, con suerte, en algunas mujeres casadas. Ignoran en qué consiste la estimulación vaginal o clitoriana.
Coito. Tal y como hizo Bill Clinton para defenderse, asumen que una relación sexual sólo se da cuando hay penetración. Peor aún, muchos de los jóvenes consultados no vinculan los juegos sexuales y escarceos como parte fundamental del acto sexual.
Virginidad. El mito más extendido es que la presencia del himen es prueba absoluta de que una chica es virgen.
Ignoran que muchas veces la membrana se rompe a causa de golpes o accidentes, y que en otras ocasiones el himen es tan flexible que puede haber coito sin que se rompa.
Fecundación. Las preguntas más frecuentes apuntan a si bañarse en una piscina en la que un varón haya eyaculado aumenta el riesgo de embarazo. Otras piensan que en la primera vez nadie se embaraza.
Como también la idea en los varones de que retirar el pene inmediatamente después del orgasmo los salva de una paternidad indeseada. Lo más seguro para estas estudiosas de la sexualidad de los jóvenes es el condón. "Así que hay que usarlo", expresan.
Pene. Actor de uno de los mitos más comunes. Los jóvenes asumen que el tamaño importa ya que garantiza más placer. Creen en aparatos para alargar el miembro. Citan como novedad que rociar el pene con Viagra pulverizada antes de dormir ayuda a aumentar de tamaño.