“Es maravilloso habernos encontrado con una paradoja. Ahora podemos esperar hacer progresos”
Niels Bohr - Incidentes en el Vaticano
De qué manera se vislumbra la lucha contra el sida? ¿Acaso sabremos apaciguar las amenazas que la propagación del VIH mutante significa para nuestro porvenir?
¿Acaso lograremos remediar la pandemia? ¿Podemos esperar oír algún día, de la boca de una gente cercana esta confidencia: “tuve sida”?
Entreveo esta línea en el horizonte y mal veo de qué manera lo lograremos sin cambiar el rumbo. No podemos realmente evitar una movilización verdaderamente mundial en término de PREVENCION.
Y la comunidad científica no podrá refugiarse más tiempo en el callejón de una vacuna preventiva, abandonando en el camino toda idea terapéutica y saliéndose del marco rígido de los inhibidores, ignorando toda solución de tratamiento complementario orientado a restaurar el sistema inmunitario de los enfermos y de los seropositivos sin síntomas.
INTENSIFICAR LA PREVENCION – la idea es obvia – constituye la mejor defensa contra esta enfermedad típicamente EVITABLE y poco contagiosa. En los hechos es otra historia. No se debe descartar ningún medio conocido. Nunca he respaldado, a pesar que algunos me lo reprocharon, la posición de Juan Pablo II acerca del preservativo. Todas las maneras de prevención se deben utilizar, de acuerdo a la conciencia y al comportamiento de cada uno.
Lo que el Papa ha dicho es una cosa, lo que muchos religiosos aplican sobre el terreno es otra. He conocido a un Padre instalado en Tanzania, el Padre Joannet, que había imaginado una campaña de prevención bajo forma de una banda dibujada. El comparaba el sida a un rio. Se podía ver las aguas que poco a poco recubrían a un pueblo, amenazando a sus habitantes obligándolos a huir. Tres barcas los esperaban, amarradas con cuerdas: la Abstinencia, la Fidelidad y el Preservativo. Bella imagen…
A finales de los años 1990, en la oportunidad de una conferencia organizada por el Vaticano, he evocado esta parábola en la gran sala de la Santa Sede, delante de un público muy diverso: representantes de congregaciones religiosas muy dedicadas a la lucha, así como toda una cohorte de oficiales, entre ellos el ex Primer ministro Giulio Andreotti. El Sumo Pontífice no estaba presente, seguramente el seguía las intervenciones delante de una pantalla video en una habitación adyacente. El Cardenal Angelini, que en la época fungía de una especie de ministro de la Salud del Vaticano, presidia la conferencia. El me dio la palabra, hice un breve discurso interrumpido por aplausos ensordecedores. Creo que nunca en mi vida me han aplaudido tanto. ¡Político astuto, el Cardenal Angelini volvió a tomar el control con una voltereta: “Estos aplausos van dirigidos al gran investigador que ha descubierto el virus y lucha contra esta pandemia…”Era evidente que este público muy concernido me había ovacionado porque me había atrevido a hablar del preservativo en el mismo corazón del Vaticano! Por cierto que nunca más fue reinvitado a estas conferencias, lo que no impidió que anos después yo haya sido recibido en audiencia privada por el Papa.