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A José Peñín, con afecto y admiración

Roldán Esteva-Grillet

El pasado 18 de abril de 2008 llegamos a los treinta años formando jóvenes para las artes en el país. Hace veinticinco lanzamos al ruedo profesional la primera promoción de licenciados en artes en alguna de las cinco menciones: Artes Plásticas, Artes Escénicas, Artes Cinematográficas, Artes Musicales y Promoción Cultural. Algunos de esos primeros graduados se incorporaron al profesorado, otros han hecho carrera en sus respectivas especialidades.

Si al principio nuestra Escuela de Artes, en la Universidad Central de Venezuela, carecía tanto de aulas como de profesores, y tuvo que limosnear espacios y personal a otras escuelas, hoy seguimos con espacios no propios, compartidos con Letras, Filosofía y Estadística, pero contamos con una gran mayoría de personal de planta formado en la Escuela y con postgrado. Siendo la más joven escuela de la Facultad de Humanidades, está entre las de más alta matrícula. Habrá que esperar alguna tesis que se plantee dónde trabajan nuestros graduados. Hoy es muy fácil corroborar que en muchas instituciones culturales del Estado y en no pocas privadas, y que en algunos casos han alcanzado notoria figuración. Otros han salido al extranjero para ejercer su profesión o para seguir estudios de más alto nivel, y sabemos que la formación recibida en nuestra escuela les sirvió de gran apoyo. Hay tres cualidades que podrían distinguir nuestros estudios: la variedad, la armonía y la especificidad.

Variedad en las opciones, armonía en la manera de integrar los gustos e intereses, y especificidad en la orientación final. El stock de trabajos de grado, cada vez de mayor rigor académico y puntualidad, igual de los de ascenso en el escalafón universitario, nos hace sentirnos orgullosos de una tarea cumplida dentro de un clima inmejorable de tolerancia en el que todos hemos aprendido a respetar las ideas del colega, por muy distintas u opuestas que sean.

La ocasión de un nuevo aniversario, sin embargo, nos obliga a reflexionar sobre aquellos aspectos que han quedado pendientes, prorrogados o diferidos. Los ajustes al pensum, la reposición de cargos, la unificación espacial. Siempre cabrá una nueva generación de relevo que empuje por lo no logrado y hoy esa generación está integrada por graduados de la misma escuela. Pensar en lo que nos falta, sea en la licenciatura como en las maestrías, no debe impedirnos de reconocer a aquellos sin cuyo inicial empuje nada de lo que nos enorgullece se habría alcanzado.

Bástenos convocar a unos pocos de estos grandes hombres y mujeres: Mariano Picón Salas, Gaston Diehl, Santiago Magariños, Inocente Palacios, Marta Traba, José Ignacio Cabrujas, Miguel Acosta Saignes, Alberto Calzavara, Enrique Izaquirre, Rhazés Hernández López, Miguel Arroyo, Luis Zubillaga, Walter Guido.

Por lo que toca a algunas personalidades activas que han honrado o siguen honrando nuestras aulas pueden citarse en el campo cinematográfico a Iván Feo, Manuel de Pedro, César Bolívar; en el teatral, Isaac Chocrón, Nicolás Curiel, Leonardo Azparren, Xiomara Moreno; en el musical Isabel Artez, José Peñín, Maríantonia Palacios, Juan Francisco Sans, Gerardo Gerulewicz; en estudios literarios y estéticos Violeta Di Stefano, Agustín Martínez, Christianne Dimitriades, José Balza, Catalina Gaspar, Gabriela Kiser; en promoción cultural Gloria Martín, Ronny Velásquez, Carlos Raúl Hernández, Yolanda Segnini; en artes plásticas Bélgica Rodríguez, Milagros Bello, Anna Gradowska, Eduardo Planchart.

Si algo ha distinguido a nuestra Escuela desde su fundación es la confluencia de intereses teóricos y prácticos, tanto en estudiantes como profesores que podían aspirar a o ser ya poetas, cuentistas, dramaturgos, cineastas, actores, directores, museógrafos, pintores, grabadores, curadores, fotógrafos, críticos, investigadores, articulistas, concertistas, compositores, instrumentistas, musicólogos, bailarines. Sin pretender competir con las escuelas de enseñanza práctica (Institutos Universitarios de Teatro, Danza, Artes Plásticas, Cine, Conservatorios donde se forman los jóvenes como artistas), la Universidad Central ha ofrecido a través de nuestra treintañera institución la oportunidad para muchos de iniciarse o practicar alguna de las artes que se enseñan. Puede que vengan ya formados y sólo buscan mejorar su cultura, pero también ha ocurrido que han descubierto su vocación artística a través de algún taller o paralelamente a sus estudios teóricos.

Conformémonos con mencionar algunos de los artistas plásticos que han pasado por la escuela, como estudiantes: Pablo Apolinar Livimalli ("Apolinar"), Luis Alberto Hernández, Cristóbal Godoy, Iván Darío Hernández, Francisco Beaufrand, Alexander Apóstol, Danielle Chappard, Luis Salmerón, Nancy Urosa, Sandra Vivas; y entre los profesores, Elda Cerrato, Edgar Sánchez, Santiago Pol, Carola Bravo, Carolina Campos.

Por último, muestra de cómo la Escuela ha podido congeniar las posiciones más disímiles en lo político e ideológico, estaría en el paso por sus aulas de intelectuales en calidad de profesores, polémicamente enfrentados en la dilucidación de los actuales problemas del país: Tulio Hernández, Roberto Hernández Montoya, Luis Brito García, Mario Sanoja Obediente, Alfredo Chacón, Ximena Agudo, Oswaldo Barreto. La simple revisión de todos estos nombres es una prueba de la amplitud y riqueza de la que la misma Universidad se ha beneficiado y, a la vez, propiciado para bien de la juventud y de la inteligencia académica.

Desaparecido el Instituto de Arte, surgió la Escuela de Artes para luchar por una vida dignificada por la belleza y la sabiduría, mediante una profesionalización del ejercicio artístico que respete los derechos de las comunidades y los individuos a su propia expresión.

 
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