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El caso del golfista Tiger Woods, que días atrás dio a conocer su decisión de someterse a un tratamiento para vencer su adicción al sexo, puso en primer plano la discusión sobre los fundamentos médicos que existen para considerar a la "adicción al sexo" una enfermedad o no. Woods no sólo lo hizo público, sino que además, la semana pasada, presentó una disculpa en directo por televisión por su mala conducta conyugal.
Woods intentó de este modo salvar su matrimonio con la bellísima modelo sueca Elin Nordegren, relación que entró en crisis tras conocérsele al mejor golfista del mundo una lista de amantes de dos cifras.
Pero Woods no es la primera celebridad en atribuir sus infidelidades a un supuesto diagnóstico psiquiátrico. Cabe recordar el caso del actor norteamericano Michael Douglas, que incluso llegó a internarse voluntariamente en una clínica para someterse a un tratamiento similar al que reciben los adictos a las drogas.
La lista de famosos que se autoidentificaron como adictos al sexo incluye también a los actores David Duchovny y Robert Downey Jr., y a la cantante de soul Amy Winehouse. Sin embargo ¿existe realmente lo que ellos denominan adicción al sexo?
Los sicólogos que trabajan sobre la "adicción sexual" aseguran que no es un término inventado para gente que busca una excusa a su conducta sexual, sino que corresponde a una verdadera patología.
"El caso de Woods atrajo la atención sobre el tema, pero yo he tratado con este asunto durante años y muchas relaciones están en peligro a causa de un tipo de comportamiento más frecuente de lo que la gente se imagina", comentó Craig Gross, experto y autor de libros sobre el fenómeno.
Según Gross, un tratamiento de seis semanas en una clínica como la que visita el campeón de golf en Mississippi cuesta entre 20.000 y 40.000 dólares. La terapia incluye psicoterapia, medicaciones y reuniones con grupos de autoayuda. La sicoterapia puede ser individual, con un terapeuta o ampliada a miembros de la familia y allegados.
La medicación puede incluir antidepresivos, estabilizadores del estado de ánimo y reguladores de la actividad sexual. Los grupos de autoayuda son un calco de "alcohólicos anónimos" y las sesiones se escalonan en 12 etapas.
El "Programa para la compulsivilidad sexual" de una clínica con sede en Arizona propone incluso en su sitio web un tratamiento "intensivo" en cuatro días, de lunes a jueves.
Sin embargo, el doctor Michael Johnson, especialista en asistencia a pacientes con "adicción sexual" en Austin (Texas), calculó que un tratamiento eficaz dura "cerca de dos años, o incluso más".
Según Johnson, sean famosas o no, las personas con "adicción sexual" padecen un verdadero problema que a veces destruye sus vidas.
"En mi consulta, tengo gente que no es tan famosa como Woods pero que ha puesto en riesgo todo lo que tenían en la vida. Woods es sólo un ejemplo, al igual que (Eliot) Spitzer", que hace dos años perdió su cargo de gobernador de Nueva York por su adicción a las prostitutas de lujo.
¿ES UNA ENFERMEDAD?
Si bien el término está bastante extendido en el sentido común, la medicina oficial todavía se mantiene distante. De hecho, la Asociación Norteamericana de Psiquiatría no reconoce específicamente a la adicción sexual como una verdadera enfermedad.
En la actualidad, el Manual Diagnóstico y estadístico de los Trastorno Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría de los Estados Unidos (DSM IV) no contiene ninguna categoría en la que se haga referencia a la adicción al sexo. Sin embargo, es posible que esta dolencia sea incluída en su quinta edición, que sería publicada en 2013 (ver aparte).
"La adicción al sexo por sí misma no es un diagnóstico actualmente en uso", dijo Craig Fabrikant, un psicólogo del centro médico de la Universidad Hackensack de Nueva Jersey.
"Es como una gran cantidad de comportamientos que podrían ser descritos mejor como rasgos obsesivo-compulsivos", añadió. "¿La gente que tiene una relación de amor está obsesionada con el sexo? ¿El sexo con amor es un signo de adicción? Si te sientes bien, hazlo", añadió Fabrikant.
Quienes proponen incluir las adicciones sexuales en el DSM-V afirman que se trata de un comportamiento que puede funcionar para producir placer y aliviar sentimientos dolorosos y que responde a dos patrones: se caracteriza por una recurrente falla en el control del comportamiento, y tiene continuidad a pesar de las consecuencias destructivas que pueda tener para la persona.
Dicho de otro modo, la persona adicta al sexo no puede controlar su comportamiento, que se repite aunque eso impacte negativamente en su vida familiar, social o laboral.
En ese plano, el caso de Tiger es paradigmático: la prensa norteamericana ya ha contabilizado, por lo menos, unas trece relaciones extramatrimoniales, cuya salida a la luz ha dado lugar a que Accenture, Tag Heuer y Gillette hayan decidido levantar las campañas publicitarias protagonizadas por el golfista.
Eso sin contar que su esposa le ha pedido el divorcio.
PARAMETRO DE EXITO
Silvia Lazcano, médica platense, especializada en disfunciones sexuales, explicó que la adicción al sexo "es una disfuncion sexual atipica, que se caracteriza por una alta frecuencia de actividades sexuales compulsivas (masturbación, relaciones homosexuales, bisexuales...)".
"Especificamente nos referimos a una disfuncion del deseo, con una alteracion fisiologica en el nivel del estimulo sexual, sobre la base de una personalidad compulsiva", afirmó Lazcano.
"No debemos desestimar la influencia sociocultural que considera hoy a la perfomance sexual como parametro de éxito", advirtió Lazcano. Y agregó que ese fenómeno cultural "promueve determinados comportamientos en personalidades vulnerables".
"Hay una explosión de este tipo de comportamiento, que tiene que ver con el problema de la gratificación instantánea que existe en nuestra sociedad", coincidió Johnson.
En general, las personas consultan sólo cuando su adicción al sexo les trae problemas de pareja, familiares, sociales o incluso legales. O también pueden consultar porque como no cumplen con estas fantasías o escenarios no se excitan y padecen disfunciones sexuales.
ACALLAR EL GRITO
Para la psicóloga Virginia Martínez Verdier, la adicción se define por la compulsión de tener que desarrollar determinada acción, más allá de la propia voluntad.
"La compulsión es un mecanismo psicológico que se diferencia del dejarse llevar por los impulsos. El impulso nos habla de una vivencia placentera de la conducta realizada. La compulsión nos habla del displacer, de la imposición interna de hacer algo (comer, fumar, beber alcohol, tener encuentros sexuales, drogarse, etc.)", afirmó la especialista.
La compulsión sexual puede manifestarse de diversas maneras en el individuo: masturbación, acoso, búsqueda constante de un compañero sexual, llevado a cabo con tal intensidad que en ella puede leerse la desesperación por la descarga.
"La adicción sexual y la promiscuidad suelen ir de la mano. No hay selección, no hay real deseo, sólo hay necesidad de acallar un grito interno y cualquier cuerpo viene bien, por lo menos por un tiempo la persona cree estar en paz, hasta que el grito comienza nuevamente", explicó Martínez de Verdier.
"La sexualidad es una energía vital que nos acompaña durante toda la vida y nos impulsa hacia el crecimiento y el equilibrio interior, pero también puede convertirse en una droga que permita descargar o compensar esos sentimientos negativos", adviertió Martínez de Verdier.
"El comportamiento sexual compulsivo -llamado también hipersexualidad, ninfomanía o adicción al sexo- puede implicar una experiencia sexual normalmente disfrutable, pero que se convierte en una obsesión, o en una actividad que involucra fantasías o actividades que van más allá de los límites culturales, legales o moralmente aceptables."
Esa es la descripción de adicción sexual de la Clínica Mayo, de los Estados Unidos. En ella se encuentra una de las características de la adicción sexual que, en palabras de los especialistas, es la presencia repetida de fantasías o de escenarios sexuales muy específicos que son los que provocan en el individuo la excitación.
Dicho en forma llana: el adicto al sexo no es adicto al sexo, sino a ciertas fantasías específicas que son las que trata de cumplir compulsivamente y que, muchas veces, no son compatibles con los deseos de su pareja o con lo que se considera culturalmente aceptable.
SE DA MAS EN LOS HOMBRES
La adicción sexual se observa más en los varones que en las mujeres. algunos expertos creen que existe una explicación filogenética, en relación a que desde los mandatos de la naturaleza, el macho debe impregnar la mayor cantidad de hembras posibles para asegurar la continuidad de la especie. En cambio, la hembra humana sólo puede procrear un hijo por año y debe ocuparse de cuidar a la cría.
Según Martínez de Verdier, desde los mandatos culturales y aún considerando los avances en este sentido hacia finales de milenio, el varón tiene permiso para intercambiar sexualmente con un gran número de mujeres; eso lo hace "más hombre". En cambio, en diversos ámbitos continúa considerándose que la mujer debe ser más selectiva y cuidadosa.
Los adictos sexuales, sufrieron situaciones sexuales traumáticas en los primeros ocho años de vida (abuso, maltrato, represión severa, hiperestimulación, etc.) En estos casos, la conformación del mapa erótico personal puede oscilar entre la hiposexualidad (generalmente encontrada en las mujeres) y la hipersexualidad (generalmente efectuada por los varones).
Puede suceder que la adicción sexual surja sólo en determinados momentos de la vida como respuesta a una crisis personal, por ejemplo, después de un divorcio, la persona necesita asegurarse de que aún continúa siendo deseable, eso suele llevarla a conductas sexuales irreflexivas.
En síntesis, el adicto al sexo no siente placer con sus conductas, no puede controlarlas, está dominado internamente y le resulta muy difícil conectarse con otros intereses que puedan ser armónicos y productivos para sí mismo.
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